Los principios que gobiernan cada decisión del producto — escritos para que cualquiera, cliente o equipo, pueda exigírnoslos.
Sabbia nace dentro de un despacho real, del cansancio de pelear con herramientas genéricas que lo tienen todo y no facilitan nada. Su intención es una sola: ser una herramienta real y verdadera que mejore la calidad de vida de las personas que la usan — facilitar la gestión y la vida de nuestros clientes, siendo más económica que las aplicaciones genéricas del mercado.
Esto no es una página de marketing. Cada principio de abajo tiene consecuencias verificables dentro de la app, y cuando dudemos sobre una función nueva, esta página decide.
Las aplicaciones genéricas compiten en tener más opciones. Sabbia compite en pedirte menos. Cada función nueva debe quitar trabajo, no añadir botones. Si algo no lo usaría un despacho real esta semana, no entra. Tenemos una lista de cosas que decidimos no construir, y la respetamos — porque sabemos cómo engordan las aplicaciones: nunca de golpe, siempre poco a poco, una petición cada vez. Alguien tiene que guardar esa puerta, y lo hacemos nosotros.
La calma es una función principal de Sabbia. Ninguna pantalla es agresiva visualmente: la estructura es estable, nada «baila», y lo que va bien se ve tan claro como lo que necesita atención. Sabbia no te grita ni te mete prisa: te avisa, te señala el problema y te ayuda a resolverlo.
Cada despacho vive aislado de los demás, y ese aislamiento lo auditamos atacándonos a nosotros mismos. Dentro del despacho, el buzón es personal: nadie lee el correo de otra persona — tampoco quien administra. Quien no tiene acceso a Finanzas no ve un solo euro. Los datos sensibles viajan lo mínimo imprescindible, y nunca salen nóminas, fichas laborales ni cuentas.
Sibylla, la inteligencia artificial interna de Sabbia, sugiere y avisa. Nunca ejecuta, nunca envía, nunca decide. El dial de profundidad (0-4) es tu consentimiento: por defecto viaja lo mínimo (remitente y asunto de un correo — jamás el cuerpo), y solo sube más si tú subes el dial y además se lo pides en ese momento. Sibylla se ofrece con delicadeza y acepta un no: cero presión, cero coste hasta que la llamas.
Cada número que ves cuenta exactamente lo que encontrarás al pulsarlo. El precio se dice antes de cobrar; los plazos se dicen de verdad («no será inmediato» cuando no lo sea); y cuando algo no podemos hacerlo bien todavía, lo decimos con claridad en lugar de venderlo a medias.
Sabbia es más económica que las genéricas porque hace menos cosas, mejor. Los servicios extra se presupuestan por lo que cuestan de verdad, con el número por delante. La inteligencia artificial tiene un tope mensual por despacho: nunca una factura sorpresa.
Importaciones reversibles. Silencios reversibles. Papelera, borradores, deshacer un envío. Copias de seguridad de cada cosa que tocamos. Un error — tuyo o nuestro — no puede costarte tu información.
Una decisión es una regla: se enseña una vez, se aplica al pasado y al futuro, sirve a todo el equipo y no se vuelve a preguntar. El tiempo de las personas es el recurso que Sabbia existe para devolver.
Nada se da por terminado con pruebas de laboratorio: la cadena completa se comprueba sobre datos de verdad antes de decir «listo». Y cuando fallamos — porque fallaremos — lo contamos con la verdad, con el porqué y con el arreglo. La confianza se construye en el error, no en el acierto.
Sabbia es vertical y transparente: hecha desde un despacho para despachos. Por eso el correo, los proyectos, las horas y el dinero viven en la misma casa y se hablan entre sí — un correo sabe de qué proyecto es; el radar mira cobros y plazos a la vez. No queremos servir a todo el mundo: queremos servir de verdad a los nuestros.
Ante cada función nueva, tres preguntas — y basta un «no» para pararla:
1. ¿Facilita la vida, o solo completa la lista?
2. ¿Respeta la privacidad y promueve una cultura de calma en quien la usará?
3. ¿Podremos entregarla verificada y contarla con números honestos?
Esta ética la enmienda quien dirige Sabbia, despacio y por escrito. Y aquí solo se promete lo que la app ya cumple: cada línea de esta página está construida y verificada antes de escribirse.
Sabbia — hecha desde un despacho, para despachos · sabbia.app